domingo, 1 de junio de 2008

el rol de la educación en la génesis de lo humano

LA PARADOJA DEL HECHO HUMANO.

La condición de inadaptado que presenta el neonato de la especie humana es lo que lo convierte en el animal superior.
Portmann ha dicho que el recién nacido es un “nidífugo privado de medios, y en consecuencia dependiente”. En efecto: el recién nacido humano se diferencia de los monos antropoides porque su nacimiento es fisiológicamente prematuro. El hombre no alcanza el grado de desarrollo sensorio-motriz que presenta un mamífero superior en el momento de su nacimiento hasta pasado por lo menos un año de vida.
Mientras que el cerebro de un chimpancé al nacer, alcanza el 70% de su tamaño adulto y definitivo, y el 30% restante lo alcanza rápidamente (en un año), el recién nacido humano tiene apenas un 23% de su tamaño cerebral adulto, no llegando a su pleno desarrollo hasta los 23 años aproximadamente.
Esta retardación marca un verdadero límite entre el animal y el hombre: la neotenia, o sea, la conservación de los rasgos infantiles y juveniles que se prolongan durante la vida adulta.
Además, esta inmadurez biológica tiene una consecuencia incalculable: el acortamiento de la existencia intrauterina, hace necesaria la presencia del “útero social”, compuesto por los adultos que rodean al niño y que garantizan su supervivencia. Es durante este largo proceso de maduración cerebral que se prolonga hasta la vida adulta, en que el niño se va apropiando lentamente de los saberes que su cultura ya posee y domina: lenguaje, pautas de comportamiento, manejo de herramientas, etc.
La cultura, patrimonio de información constituido por saberes teóricos y prácticos: reglas, normas, valores, de un grupo social, es algo transmitido, aprendido y compartido.
Por eso es que la neotenia, esa larga infancia e inmadurez cerebral, es factor determinante en el proceso de hominización. Pues hay mucho tiempo y posibilidades para aprender y ser enseñado, y para construir un acervo con todos los saberes que se fueron acumulando de generación en generación y que se van transmitiendo como herencia social.
Al mismo tiempo el cerebro va siendo “moldeado” por la cultura y los aprendizajes. Cada zona cerebral se va haciendo cargo de comandar diferentes funciones. Así, -por ejemplo-a lo largo de la cisura central de Rolando, se proyecta una representación cerebral de la mano. Y en el hemisferio izquierdo se ubica el centro de Broca, que comanda la función del lenguaje. Pero estas funciones no surgen por sí mismas en el individuo; es necesario que sean activadas y suscitadas desde fuera, por el aprendizaje y la vida en sociedad.
El desarrollo del neocórtex en los primates y el hombre determinó un acopio de neuronas extra, utilizables en actividades superiores de integración, tales como desarrollo perceptivo, memoria, solución de problemas. Estas zonas del neocórtex llamadas “áreas de asociación” se relacionan entre sí formando redes sinápticas muy complejas y posibilitan que el cerebro actúe como un sistema funcional único, capaz de dar respuestas originales e innovadoras. Es lo que permite que el hombre haya podido pasar del programa innato de comportamientos –típico de la vida animal- a la estrategia inteligente.
El programa constituye una organización predeterminada de acción. El programa no improvisa ni innova. La estrategia, en cambio, es abierta, afronta lo imprevisto, realiza innovaciones y desvíos.
La inmadurez cerebral, condición del aprendizaje humano, y el lento proceso de maduración, permite una internalización de la cultura en la que el individuo está inmerso: internalización del lenguaje, procedimientos técnicos, arte, valores, creencias, e ideas.

Para reflexionar: vincula el texto anterior con el siguiente

Selección de pasajes del libro “Filosofías de la Educación” de Octavi Fullat.
“Comenzamos constatando que no resulta factible separar origen del hombre y estreno de la educación. La faena educadora se muestra pegada al ser humano. Si educar es, cuando menos, transmitir información y habilidades que no se traspasan con el código genético y además nos ponemos de acuerdo en definir al hombre como aquel animal que produce informaciones y engendra habilidades que no se heredan biológicamente, tendremos que paideia y antropos forman dos perspectivas de una sola realidad. La educación pudo haberse iniciado, de tal guisa, hará más de tres millones de años.”
“La educación es inmemorial, como el ser humano. Pero, estimo que ni una ni otro se pierden del todo en los arranques primeros de lo vivo. Se plantaron ambos, paulatinamente cuando hicieron aparición los utensilios para modificar el contorno y las interpretaciones con que se captaba el mundo”
“El ser humano es tan enrevesado y múltiple que, de tomarlo en serio, sólo permite el análisis. Únicamente en broma y en plan jocoso puede intentarse una síntesis de él. Ensayo a continuación una manera de ostentar mediante gráfico la exuberancia semántica e igualmente referencial del término hombre. la educación, no solo forma parte de tan rico conjunto, más también lo subsume entero desde la perspectiva funcional”

“Sucede además, que la manifestación de lo humano señalada como lo educando, recoge y recapitula el resto de manifestaciones con la función de entregarlas a los recién llegados haciendo posible, de esta suerte, la continuación de la estrambótica especie humana. (...) porque educación es hombre y hombre es educación. El ántropos no está definido, cerrado, finiquito,...”

“El aprendizaje que promueven los educadores no se lleva acabo sobre el vacío o sobre un material neutro, sino sobre conductas programadas genéticamente a lo largo de millones de años. (...) Lo aprendido o adquirido durante la historia individual u ontogénesis está genéticamente programado en cuanto posibilidad a realizar. Que se lleve a la realidad o no, depende del medio ambiente.”

“Educar es producir al ser humano. El hombre, tanto individual como colectivamente, está siempre por hacer, no así un cerezo o una lagartija. Uno y otro están ya pre-fabricados, la circunstancia en que hacen su aparición concretará sus potencialidades génicas (...) El individuo animal es, y sólo puede ser, lo que le ha tocado en suerte. Él nada pone.(...)Lo del hombre constituye esquema a parte. El ser humano desde que comenzó a exhibirse está ahí sin saber muy bien qué hacer con su carne, con su mente y con su futuro. Porque el hombre, éste sí, tiene futuro y no llega prefabricado del todo. El anthropos es el zoon de la paideia”
“El delfín es educable y el elefante también. Pero ni uno ni otro son educandos. La educandidad es prerrogativa humana. La educabilidad, en cambio, es cosa de todos los brutos. El tigre del circo ha quedado educado, según pautas de la especie humana, simplemente porque era educable. El hombre, o se educa o queda en bestia visible y patente. Lo específico del hombre no reside en que pueda educarse -también pueden el chimpancé del circo y el can familiar- sino en que tiene que educarse. Nos encontramos delante del zoon de la paideia.
“La paideia griega, como advierte Jaeger, fue a la vez civilización, cultura, tradición, literatura y educación. El hombre es, originariamente, todo eso de forma concurrente. El cultivo humano constituye educación. Esta es, pues, antropogenética.
Proceso educador y antropogénesis constituyen fenómenos totalmente inseparables. Uno no se da sin el otro.”
“Al hombre se le entiende como tridimensional -naturaleza, cultura y núcleo antropológico específico-, pero su realización es obra del trabajo educador.(...) Cultivo y cultura producen lo humano, y no el despliegue de
lo natural (...)El hombre es hacerse hombre, es educación”
“El ser humano es humano porque es Homo Sapiens, Homo Loquax, Homo Faber, animal que piensa, que habla y que trabaja: es decir, porque es bestia de sociedad humana.
Pues bien, la cultura impregna, no importa qué sociedad humana.
Una cultura está configurada por un conjunto de moldes, de conocimiento y de conducta, que pasa a los cerebros de los educandos gracias a la habilidad de los educadores, los cuales se hallan inscritos en las diversas instituciones sociales, por ejemplo, en la familia y en la escuela”
Hombre: animal educando.

orígenes del hombre según la biología

EVOLUCIÓN.
“Todo el animal está en el hombre, pero todo el hombre no está en el animal”
Lao Tsé
Admitida la existencia de un proceso evolutivo, podemos distinguir dos grandes períodos: la evolución pre-biológica, en la cual la materia inerte se transformó en materia orgánica y esta se agrupó para formar estructuras más complejas, y la evolución biológica que se inició en la más sencilla de las células, y que ha comprendido todo el desarrollo capaz de llegar a transformarlas en todos los seres vivos -vegetales y animales- que pueblan el planeta.
A estos dos grandes períodos debe agregarse una tercera fase en el proceso evolutivo: la evolución cultural o psico-social, característica de la especie humana.
La idea de evolución implica transformación y cambios. Devenir y desarrollo. Es palmariamente opuesta a las concepciones fijistas que defienden lo inmutable. Por el contrario, sustenta una visión de la realidad como proceso, cambio, intercambio e innovación.La evolución es pensada como un proceso de organización y diferenciación compleja, que promueve por su crecimiento y desarrollo la variedad de formas inorgánicas y orgánicas, incluida la complejidad cerebral del hombre .
Tanto Darwin como Wallace, admitieron con claridad, que las especies varían y se diversifican, dando origen a otras nuevas. Esta evolución tiene lugar por medio de un mecanismo de selección natural.
Partiendo de la base de que la población de cada especie crece en progresión geométrica mientras que los recursos alimenticios crecen en proporción aritmética, los seres vivos se encuentran en una situación de lucha por la supervivencia. De esta lucha sobreviven los más aptos (selección natural) garantizándose alimento y descendencia.
La obra de Charles Darwin: “El origen de las Especies”, publicada en 1859, tuvo enorme repercusión, pues estaba respaldada por cinco años de investigación en distintas partes del mundo. El punto central de dicha teoría consiste en que toda especie viva procede de la transformación de otras anteriores, cuya causa es la lucha de los individuos por la existencia y la supervivencia del más apto.
Gregory Mendel, luego de variadas experimentaciones con semillas, elabora las leyes de la genética, que complementan la teoría de Darwin.
Con la fecundación se produce una recombinación genética que garantiza a cada individuo su carácter único y diferente. Esta combinación de caracteres que se produce al azar, promovida por la sexualidad, cada tanto genera mutaciones. En algunos casos, estos cambios genéticos generan individuos mutantes que resultan ser más capaces de sobrevivir en su medio, que sus antepasados. Estos serán quienes sobrevivirán, transmitiendo esta superioridad a su descendencia.
De este modo, es la selección natural el factor que dirige y orienta el proceso evolutivo.

CEREBRALIZACIÓN.
El proceso evolutivo, evidencia a su vez, un proceso de cerebralización creciente.
Según Paul Chauchard, el hombre no es un ser completamente aparte, ocupa su lugar en la serie animal,es un mamífero, es un primate muy próximo a los monos antropoides. Pero su superioridad indiscutible radica en su cerebro.
Entre los mamíferos es un ser bastante poco diferenciado y poco adaptado. Existen animales mejor armados para la carrera, para la caza, y para la defensa.
Pero la superioridad del hombre proviene de que es el animal con el cerebro más complejo: carece de alas, pero inventa el cohete o el avión.
Toda la evolución señala un proceso de cerebralización creciente. Y el hombre constituye el punto máximo de la complejificación cerebral.
El comportamiento de un animal unicelular es muy reducido. Hay que esperar a la aparición de ganglios cerebroides en los gusanos para que aparezca una actividad instintiva. Pero la inteligencia no se desarrolla realmente hasta que no llegamos a las aves y los mamíferos, y dentro de estos se alcanza el máximo en los primates.
Dentro del grupo de los primates, el cerebro humano manifiesta el grado máximo de complejidad y coeficiente de cefalización (relación entre el crecimiento corporal y cerebral). El progreso cerebral humano consiste principalmante en un desarrollo creciente de la zona prefrontal. Esta zona ocupa el 12% de la corteza cerebral en un mono común, y el 29% en el hombre. La expansión del neocórtex en el primate y el hombre determinó un acopio de neuronas extra, utilizables en actividades superiores de integración tales como: desarrollo perceptivo, memoria, solución de problemas, procesos anticipatorios, etc. Constituyen las llamadas “áreas de asociación” del neocórtex, que carecen de proyecciones sensoriales y se relacionan solo entre sí, formando redes sinápticas
Lo más importante para la inteligencia no es el peso o el tamaño del cerebro, sino la complejidad de las redes sinápticas. Y estos circuitos dependen del número de células que lo integran y de la capacidad para efectuar las interconexiones, capacidad que permite el funcionamiento del cerebro como un todo. Luria entiende que toda forma compleja de conducta depende de la actuación conjunta de estructuras localizadas en diferentes zonas del cerebro. Es el sistema lo que cuenta, y no sus elementos aislados.
El cerebro funciona como un complejo y plástico órgano funcional, articulable de muchas maneras y no en forma de respuestas rígidas
El hombre es la culminación de un proceso ascendente de cerebralización. La historia de la vida, el proceso evolutivo en su conjunto, marca un perfeccionamiento creciente del ser vivo. Las especies son cada vez más cerebralizadas y el hombre aparece como el punto culminante de este proceso.
Lo esencial del proceso de hominización consiste en unas mutaciones que producen especies con un cerebro cada vez más rico en neuronas.
Pero el cerebro no da más que la posibilidad de ser humano, se necesita además que el individuo aprenda a usarlo, aprendizaje que solo lo garantiza la vida en sociedad.
(De “Módulos de Filosofía a Distancia”. Langón y Bertolini)

Para reflexionar:
Explica la afirmación de Lao Tsé que encabeza este texto

domingo, 27 de abril de 2008

¿qué es el hombre?

LA HISTORIA DE KAMALA Y AMALA
( Extraído del libro de M. Sidorov: “Cómo el hombre llegó a pensar”. Edit. Pueblos Unidos, 1966)

Esto sucedió en 1920. Un pequeño grupo de personas realizaban un viaje por unos apartados distritos de la India, donde los escasos poblados se hallan esparcidos por la inhóspita jungla. Figuraba en el grupo un hombre llamado Singj, misionero y director de un albergue infantil.
Singj recorría periódicamente las aldeas de la zona que se hallaba a su cargo, recogía a los niños abandonados y los llevaba al albergue donde, con la ayuda de su mujer, los alimentaba y los educaba. Cuando los niños habían crecido, Singj los ayudaba a colocarse, a encontrar casa y trabajo, y se iba en busca de otros niños abandonados.
A comienzos de octubre, Singj y sus compañeros de viaje llegaron a la aldea de Godamur y se alojaron en casa de uno de los habitantes de la localidad. Ya descendía la noche cuando el dueño de la casa se precipitó en la habitación y, temblando de miedo, empezó a contar que en la jungla vagaban espectros. Los habían visto a unas siete millas de la aldea. Tenían cuerpo humano y una cabeza horrible, de aspecto repugnante. El dueño de la casa suplicó a Singj que los salvara de aquellos espectros. Singj procuró calmar al asustado anfitrión y le prometió aclarar aquel fenómeno.
Al día siguiente y por indicación suya, unas personas de la aldea montaron un gran tablado de caza en unos árboles próximos al lugar en que se había visto a los espectros. Singj, sus compañeros y un hombre de la localidad se acomodaron en aquel tablado para observar. La vivienda de los aparecidos formaba un pequeño montículo que recordaba las construcciones de los termes; el montículo tenía varias entradas y salidas. Transcurridas veinticuatro horas, cerca de las cinco de la tarde, en una de las entradas de la madriguera apareció un lobo adulto. Le seguía los pasos una loba, y, tras ella, salieron dos lobeznos.
Luego, a través de sus gemelos, Singj vio salir de la madriguera un “espectro”, el cual seguía a los lobeznos avanzando a gatas. Acto seguido apareció aún otro espectro, aunque sensiblemente menor que el primero. Con los gemelos se veía muy bien que, no solo eran humanos los cuerpos de los espectros, sino además sus rasgos faciales. A juzgar por la estatura se trataba de niños. Había que decidir lo que se debía hacer. “Son niños –pensaba Singj- . Mi misión consiste en ayudar a todos los desdichados y desamparados. He de llevar conmigo a estos niños y tratarlos como trato a todos los demás.”
El plan de captura de los espectros era sencillo: había que arrojar de su refugio a los lobos adultos y recoger a los niños. Singj pudo conseguir que la gente de la aldea le ayudara. Al día siguiente, rodearon el cubil de los lobos y empezaron a destruirlo con grandes palas metálicas. El lobo fue el primero en salir disparado y se escondió en la jungla. La loba se arrojó contra las personas y hubo que matarla a tiros. Después de ensanchar una de las entradas, unos hombres entraron en la cueva. En el fondo, enlazadas en apretado ovillo, yacían las dos criaturas y los dos lobeznos.
En una de las casas de la aldea arreglaron un rincón y colocaron a los dos niños tras una firme valla de tablas, a modo de jaula. Acechar y capturar a los “espectros” requirió varios días. Singj y sus compañeros debían proseguir su camino sin pérdida de tiempo. El misionero encargó a uno de los aldeanos del cuidado de los niños y se fue para cumplir su cometido.
Cuando regresó unos días después, tuvo la impresión de entrar en una aldea muerta. Y, en efecto, la aldea estaba desierta. Todos sus habitantes temerosos de los “espectros” habían huido. Con ellos había huido el hombre encargado de velar por los niños, quienes se hallaban moribundos en un rincón, desfallecidos de hambre y sed. Con gran trabajo logró Singj salvarlos y conducirlos al albergue.
Allí los lavaron y les cortaron el cabello. Resultó que eran niñas. Consideró Singj que una de ellas tendría cosa de año y medio, y la otra, probablemente unos ocho años. Llamaron a la pequeña Amala y a la mayor Kamala. En el albergue, únicamente el misionero y su esposa sabían de donde procedían aquellas niñas y qué niñas eran. Así pues, la idea abstracta de que un niño puede crecer entre fieras halló su confirmación práctica en la realidad.
Kamala y Amala eran criaturas humanas. Pero la vida con los lobos había dejado una impronta en la estructura de sus cuerpos. Esto concernía sobre todo y en primer lugar a las particularidades de su alimentación y al modo de desplazarse. Viviendo con los lobos, las niñas se alimentaban regularmente de carne cruda. Sus maxilares, especialmente en la niña mayor, habían alcanzado un desarrollo mucho más acentuado que en niños y niñas de la misma edad; también eran, correspondientemente, muy fuertes los músculos masticatorios. Asimismo se observaban cambios en los dientes. Kamala acababa fácilmente con grandes pedazos de carne cruda y fibrosa, y sin recurrir a la ayuda de las manos dejaba los huesos tan mondados que difícilmente ningún adulto habría podido rivalizar con ella en tal quehacer.
Para desplazarse, Kamala y Amala se valían de dos procedimientos: o se arrastraban de rodillas apoyándose con las manos o caminaban y corrían a gatas. Eran totalmente incapaces de mantenerse verticales sosteniéndose sobre los pies. Las articulaciones de la cadera y de las piernas se les habían adaptado hasta tal punto para desplazarse a gatas que de momento no podían enderezarse para hacer posible la marcha erecta.
Los brazos fuertes, bien desarrollados, algo más largos que lo habitual, realizaban la función de extremidades de apoyo y no prensoras, aunque las niñas trepaban fácilmente a los árboles. Durante el desplazamiento a gatas, los músculos del cuello mantenían sin esfuerzo la cabeza erguida.
Mas los rasgos externos puramente animales, condicionados por haber imitado a los lobos, poco dicen acerca del nivel de desarrollo de la conciencia. Lo más sorprendente para los observadores no era, precisamente, el aspecto de las dos criaturas, sino el tipo general de su conducta. Cuando las niñas hubieron recobrado las fuerzas y se les concedió cierta libertad, no tardaron en revelarse las particularidades aludidas. Kamala y Amala llevaban un género de vida típicamente crepuscular y nocturno, rehuían por todos los medios la luz, sobre todo la del sol. Durante el día buscaban el amparo de rincones oscuros y dormían, o bien permanecían sentadas, de cara a la pared, indiferentes a lo que les rodeaba. Dormían como las fieras, muy apretadas una contra la otra o tumbada una sobre la otra.
Al atardecer empezaban a desplegar una notable actividad. Se levantaban, comenzaban a arrastrarse y a andar (a gatas, desde luego). Cuando estaban hambrientas, olfateaban el aire en el lugar en que habitualmente les daban de comer. Antes de probar bocado, olisqueaban sin falta el alimento y el agua. Tenían extraordinariamente desarrollados tanto el olfato como el oído. A gran distancia percibían los olores más sutiles. No bebían en el propio sentido de esta palabra, sino que tomaban a lengüetadas la leche o el agua de una taza puestas a cuatro patas. Del mismo modo, a cuatro patas, comían el alimento sólido.
Al principio, antes de que empezaran a enseñarles activamente a familiarizarse con otros niños y a hablar, no se les escuchó más que una señal acústica. Baja y ronca inicialmente, iba convirtiéndose en un aullido alto, penetrante y prolongado. Al principio las niñas repetían con toda regularidad dicha señal, reproduciéndola con gran exactitud a unas mismas horas, a las diez de la noche, a la una y a las tres de la madrugada. Es probable que llamaran a sus educadores los lobos.
Se resistían tenazmente a cuantas tentativas se hacían para atraerlas a los juegos con otros niños, no manifestaban el menor interés por aquello a que se dedicaban quienes se encontraban a su alrededor ni le prestaban atención alguna. Si las llevaban al campo procuraban apartarse de la gente, y a veces retozaban y jugaban entre sí como animalitos jóvenes. Un día intentaron huir. Cuando una de las educandas del albergue procuró detenerlas, las niñas se arrojaron a la vez contra la muchacha y la mordieron y arañaron fuertemente. Costó gran trabajo capturarlas entre la maleza y volverlas a su lugar. En general, Kamala y Amala se movían con gran rapidez tanto en campo abierto como entre breñas.
Tenían miedo al agua, no querían de ningún modo que las lavaran, siempre se resistían a ello. También protestaban vivamente contra las tentativas de vestirlas. Se arrancaban de encima cuantas ropas les ponían., de modo que, al fin, la señora Singj se vio obligada a confeccionarles unaas fajas ceñidas a las caderas de tal modo que no se pudieran quirtar si no era cortándolas.
Según las observaciones de los esposos Singj, que casi nunca perdían de vista a Kamala y a Amala, durante los primeros meses de permanencia de las niñas en el albergue no se descubrió en ellas señal alguna de conciencia, de pensamiento o de emociones en el sentido habitual de estas palabras aplicada s a las personas. Únicamente la necesidad de alimento ponía inquietas a las dos niñas; la comida les proporcionaba un manifiesto placer, pero ello solo mientras satisfacían esa necesidad. El embotamiento mental, la indiferencia por todo cuanto sucedía durante las horas diurnas, y la actividad nocturna, típicamente animal, constituyen los rasgos que caracterizaron, en líneas generales, la conducta de aquellas niñas durante los primeros meses de vivir entre los seres humanos.
Para reflexionar:
1- Kamala y Amala eran seres humanos cuando fueron encontradas?
2-¿Cómo le explicarías a un extraterrestre que no nos conociera, qué es el ser humano?

miércoles, 2 de abril de 2008

aproximaciones al concepto de filosofía

“La filosofía-así en singular-no existe. Esta palabra no significa más que amor al saber. Expresa una actitud, un anhelo, un estado de ánimo: el deseo de llevar nuestro conocimiento hasta sus últimos límites. No es, pues, un saber concreto y transmisible sino una actitud espiritual: en ocasiones esta se puede sugerir y aún encaminar, cuando preexiste una disposición espontánea. Se adquiere así el hábito de dar al pensamiento una dirección determinada, a vincular el caso particular a conceptos generales, a ver en el hecho más común un problema, a empeñar el esfuerzo de la mente en una contienda con lo desconocido, a superar la limitación individual. Y esta tensión espiritual, este afán de saber, es el mejor provecho de los estudios filosóficos. La mera erudición es un peso muerto, como la carga de la acémila”
ALEJANDRO KORN . (Filósofo y psiquiatra argentino 1860-1936)
(Korn, A.“Sistema Filosófico” Edit: Nova )
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“Como la filosofía es indispensable al hombre, está en todo tiempo ahí, públicamente, en los refranes tradicionales, en apotegmas filosóficos corrientes, en convicciones dominantes, como por ejemplo en el lenguaje de los espíritus ilustrados, de las ideas y creencias políticas, pero ante todo, desde el comienzo de la historia, en los mitos. No hay manera de escapar a la filosofía. La cuestión es tán solo si será conciente o no, si será buena o mala, confusa o clara. Quien rechaza la filosofía, profesa también una filosofía, pero sin ser conciente de ella.
¿Qué es pues, la filosofía, que se manifiesta tan universalmente bajo tan singulares formas?
La palabra griega filósofo (philosophos) se formó en oposición a sophós. Se trata del amante del conocimiento (del saber) a diferencia de aquel que estando en posesión del conocimiento se llamaba sapiente o sabio. Este sentido de la palabra ha persistido hasta hoy: la búsqueda de la verdad, no la posesión de ella, es la esencia de la filosofía, por frecuentemente que se la traicione en el dogmatismo, esto es, en un saber enunciado en proposiciones, definitivo, perfeccionado, enseñable. Filosofía quiere decir: ir de camino. Sus preguntas son más esenciales que sus respuestas, y toda respuesta se convierte en una nueva pregunta.”
KARL JASPERS. (Filósofo alemán. 1883-1968)
(Jaspers, K. “La filosofía”. Edit.: F.C.E.)
Para reflexionar:
1- ¿Cuál es la diferencia entre el filósofo y el sabio.
2- ¿Por qué el dogmatismo traiciona a la verdadera filosofía?
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BERTRAND RUSSELL: “EL VALOR DE LA FILOSOFÍA”
“El hombre que no tiene ningún barniz de filosofía, va por la vida prisionero de los prejuicios que derivan del sentido común, de las creencias habituales en su tiempo y en su país, y de las que se han desarrollado en su espíritu sin la cooperación ni el consentimiento deliberado de su razón. Para este hombre el mundo tiende a hacerse preciso, definido, obvio; los objetos habituales no le suscitan problema alguno, y las posibilidades no familiares son desdeñosamente rechazadas. Desde el momento en que empezamos a filosofar, hallamos, por el contrario, que aún los objetos más ordinarios conducen a problemas a los cuales solo podemos dar respuestas muy incompletas. La filosofía, aunque incapaz de decirnos con certeza cuál es la verdadera respuesta a las dudas que suscita, es capaz de sugerir diversas posibilidades que amplían nuestros pensamientos y nos liberan de la tiranía de la costumbre. Así, al disminuir nuestro sentimiento de certeza sobre lo que las cosas son,, aumenta en alto grado nuestro conocimiento de lo que pueden ser; rechaza el dogmatismo algo arrogante de los que no se han introducido jamás en la región de la duda liberadora y guarda vivaz nuestro sentido de la admiración, presentando los objetos familiares en un aspecto no familiar.
Aparte de esta utilidad de mostrarnos posibilidades insospechadas, la filosofía tiene un valor –tal vez su máximo valor- por la grandeza de los objetos que contempla, y la liberación de los intereses mezquinos y personales que resultan de aquella contemplación. La vida del hombre instintivo se halla cerrada en el circuito de sus intereses privados: la familia y los amigos pueden incluirse en ella, pero el resto del mundo no entra en consideración, salvo en lo que puede ayudar o entorpecer lo que forma parte del círculo de los deseos instintivos. Esta vida tiene algo de febril y limitado. En comparación con ella, la vida del filósofo es serena y libre. El mundo privado de los intereses instintivos, es pequeño en medio de un mundo grande y poderoso que debe, tarde o temprano, arruinar nuestro mundo peculiar. Salvo si ensanchamos de tal modo nuestros intereses que incluyamos en ellos el mundo entero, permanecemos como una guarnición en una fortaleza sitiada, sabiendo que el enemigo nos impide escapar y que la rendición final es inevitable.
Este género de vida no conoce la paz, sino una constante guerra entre la insistencia del deseo y la importancia del querer. Si nuestra vida ha de ser grande y libre, debemos escapar, de uno u otro modo, a esta prisión y a esta guerra.”

Para reflexionar:
1-¿De qué es prisionero el hombre común que no filosofa nunca?
2-¿Por qué –según B.Russel _ es liberadora la filosofía?
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TEXTO DE CICERÓN.
...Todos los que ponían sus afanes en la contemplación de las cosas eran considerados y llamados sabios, y este su nombre duró hasta el tiempo de Pitágoras quien trató docta y discretamente algunas cuestiones; y como León se hubiera quedado admirado de su talento y elocuencia preguntó de qué arte hacía principalmente profesión; a lo que Pitágoras respondió que arte él no sabía ninguno, sino que era filósofo.
Admirado León de la novedad del nombre, le preguntó quiénes eran, pues, los filósofos, y qué diferencia había entre ellos y los demás; y Pitágoras respondió que le parecían cosas semejantes la vida del hombre y la feria que se celebraba con toda la pompa de los juegos ante el concurso de la Grecia entera; pues igual que allí, unos aspiraban con la destreza de sus cuerpos a la gloria y nombre de una corona, otros eran traídos por el lucro y el deseo de comprar y vender, pero había una clase, y precisamente la formada en mayor proporción de hombres libres, que no buscaban ni el aplauso ni el lucro, sino que acudían por ver, y observaban con afán lo que se hacía y de qué modo. También nosotros, como para concurrir a una feria desde una ciudad habríamos partido para esta vida desde otra vida y naturaleza, los unos para servir a la gloria, los otros al dinero, habiendo unos pocos que, teniendo todo lo demás por nada, consideraban con afán la naturaleza de las cosas, los cuales se llamaban afanosos de sabiduría, esto es, filósofos.”
Para reflexionar:
1-¿Cuáles son los tres grandes grupos de seres huamanos que distingue Pitágoras?
2-¿Quiénes integrarían cada grupo en la sociedad actual?
3-Analizar cuál es la concepción del filósofo tal como lo describe Pitágoras.

FILOSOFÍA Y PENSAMIENTO MÍTICO
(Extraído de “El Mundo de Sofía”de J. Gaarder con supresión de algunos párrafos)
Por filosofía entendemos una manera de pensar totalmente nueva que surgió en Grecia alrededor del año 600 antes de Cristo. Hasta entonces, habían sido las distintas religiones las que habían dado a la gente las respuestas a todas esas preguntas que se hacían. Esas explicaciones religiosas se transmitieron de generación en generación a través de los mitos. Un mito es un relato sobre dioses, un relato que pretende explicar el principio de la vida.
Por todo el mundo han surgido en el transcurso de los milenios, una enorme flora de explicaciones míticas a las cuestiones filosóficas. Los filósofos griegos intentaron enseñar a los seres humanos que no debían fiarse de tales explicaciones.
Antes de que el cristianismo llegara a Noruega, la gente creía que Tor viajaba por el cielo en un carro tirado por dos machos cabríos. Cuando agitaba su martillo, había truenos y rayos.
La lluvia tenía una importancia vital para los agricultores, por eso Tor fue adorado como el dios de la fertilidad.
Los vikingos se imaginaban que el mundo habitado era una isla constantemente amenazada por peligros externos. A esa parte del mundo la llamaban “Midgard” (el patio del medio). Fuera de Midgard estaba “Utgard” (el patio de afuera). Aquí vivían los peligrosos “trolls”, los gigantes que constantemente intentaban destruir el mundo mediante astutos trucos. A esos monstruos malvados se les suele llamar “fuerzas del caos”.
Tanto en la religión nórdica como en la mayor parte de otras culturas, los seres humanos tenían la sensación de que había un delicado equilibrio de poder entre las fuerzas del bien y del mal.
La gente no podía quedarse sentada de brazos cruzados esperando a que interviniesen los dioses cuando amenazaban las desgracias –tales como sequías o epidemias-. Las personas tenían que tomar parte activa en la lucha contra el mal. Esta participación se llevaba a cabo mediante distintos actos religiosos o ritos.
El acto religioso más importante era el sacrificio. Los seres humanos tenían que hacer sacrificios a los dioses para que estos reunieran fuerzas para combatir a las fuerzas del caos. Era bastante corriente sacrificar un animal, y también seres humanos.
Alrededor del año 700 A. C., gran parte de los mitos griegos fueron plasmados por escrito por Homero y Hesíodo. Al tener escritos los mitos se hizo posible discutirlos.
Los primeros filósofos griegos criticaron la mitología de Homero sólo porque los dioses se parecían mucho a los seres humanos y porque eran igual de egoístas que nosotros. Por primera vez se dijo que quizás los mitos no fueran más que imaginaciones humanas. Jenófanes dijo:
“Los seres humanos se han creado dioses a su propia imagen. Creen que los dioses han nacido y que tienen cuerpo, vestidos e idioma como nosotros. Los negros piensan que los dioses son negros y chatos, los tracios los imaginan rubios y con ojos azules. ¡Incluso si los bueyes, caballos y leones hubiesen sabido pintar, habrían representado dioses con aspecto de bueyes, caballos y leones ¡”
Así pues, el mito, intenta dar a los seres humanos, respuestas a algo que no entiende. Pero los primeros filósofos intentaron respuestas diferentes.
Intentaron entender el mundo, hallar un conocimiento basado en la experiencia y en la razón.

Para reflexionar:
1- ¿Es cierta la afirmación de Jenófanes?
2- ¿Por qué crees que esto es así?
3-“Dios creó al hombre a su imagen y semejanza”... ¿o al revés?
4- Los rostros conocidos de Buda, Iemanjá o Jesucristo, ¿son reales? ¿cuál es su origen?
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"EL MUNDO DE SOFÍA." (J. Gaarder) Selección de fragmentos del Cap.I.
Sofía Amundsen volvía a casa después del instituto. La primera parte del camino la había hecho en compañía de Jorunn. Habían hablado de robots. Jorunn opinaba que el cerebro humano era como un sofisticado ordenador. Sofía no estaba muy segura de estar de acuerdo. Un ser humano tenía que ser algo más que una máquina.
Era uno de los primeros días de mayo. En algunos jardines se veían tupidas coronas de narcisos bajo los árboles frutales. Los abedules tenían ya una fina capa de encaje verde.
¡Era curioso ver cómo todo empezaba a crecer y brotar en esa época del año! ¿Cuál era la causa de que kilos y kilos de esa materia vegetal verde saliera a chorros de la tierra inanimada en cuanto las temperaturas subían y desaparecían los últimos restos de nieve?
Sofía miró el buzón al abrir la verja de su jardín. Solía haber un montón de cartas de propaganda y unos sobres grandes para su madre.
Ese día solo había una pequeña carta en el buzón, y era para Sofía.
“Sofía Amundsen”, ponía en el pequeño sobre. “Camino del Trébol 3” Eso era todo. No ponía quién la enviaba y ni siquiera tenía sellos.
En cuanto hubo cerrado la puerta de la verja Sofía abrió el sobre. Lo único que encontró fue una notita, tan pequeña como el sobre que la contenía. En la notita ponía: “¿Quién eres?”
No ponía nada más. No traía ni saludos ni remitente, solo esas dos palabras escritas a mano con grandes interrogaciones.
Volvió a mirar el sobre. Pues si, la carta era para ella ¿Pero quién la había dejado en el buzón?
Sofía se quitó la mochila y puso un plato con comida para el gato. Luego se dejó caer en una banqueta de la cocina con la misteriosa carta en la mano.
¿Quién eres?
En realidad no lo sabía. Era Sofía Amundsen, naturalmente, pero ¿quién era eso? Aún no lo había averiguado del todo.
¿Y si se hubiera llamado algo completamente distinto? Ana Knutsem, por ejemplo. En ese caso ¿habría sido otra?
De pronto se acordó que su padre había querido que se llamara Synove. Sofía intentaba imaginarse que extendía la mano presentándose como Synnove Amundsen, pero no, no servía. Todo el tiempo era otra chica la que se presentaba.
Se puso de pie de un salto y entró en el cuarto de baño con la extraña carta en la mano. Se colocó delante del espejo, y se miró fijamente a sí misma.
-Soy Sofía Amundsen – dijo.
-¿Quién eres?- preguntó.
No obtuvo respuesta tampoco ahora, pero durante un breve instante llegó a dudar de si era ella o la del espejo la que había hecho la pregunta.
Sofía no había estado nunca muy contenta con su aspecto. Su nariz era demasiado pequeña y su boca demasiado grande. Lo peor de todo era ese pelo liso que era imposible de arreglar. En el pelo de Sofía no servían ni el gel ni el spray.
¿No resultaba extraño no saber quién era? ¿No resultaba injusto no haber podido decidir su propio aspecto?. Simplemente había surgido así como así. A lo mejor podía elegir a sus amigos, pero no se había elegido a sí misma. Ni siquiera había elegido ser un ser humano. ¿Qué era un ser humano?
Estoy en el mundo ahora, pensó. Pero un día habré desaparecido del todo. ¿Habría alguna vida más allá de la muerte? El gato ignoraba por completo esa cuestión. ¿No era injusto que la vida tuviera que acabarse alguna vez?
Quizás debiera mirar si había algo más en el buzón. Sofía corrió hacia la verja y levantó la tapa verde. Se sobresaltó al descubrir un sobre idéntico al primero. También en ese nombre ponía su nombre. Abrió el sobre y sacó una nota igual a la primera
¿De dónde venía el mundo?, decía.
No tengo la más remota idea, pensó Sofía. Nadie sabe esas cosas, supongo.
Pues no lo sabía. Sabía que la Tierra no era sino un pequeño planeta en el inmenso universo. ¿Pero de dónde venía el universo?
Podía ser que el universo hubiera existido siempre; en ese caso, no sería preciso buscar una respuesta sobre su procedencia. ¿Pero podía existir algo desde siempre?
Había algo dentro de ella que protestaba contra eso. Todo lo que es, tiene que haber tenido algún principio. De modo que el universo tuvo que haber nacido en algún momento de algo distinto.
Pero si el universo hubiera nacido de repente de otra cosa, entonces esa otra cosa tendría a su vez que haber nacido de otra cosa. Sofía entendió que simplemente había aplazado el problema. Al fin y al cabo, algo tuvo que surgir en algún momento de donde no había nada de nada. ¿Pero era eso posible? ¿No resultaba eso tan imposible como pensar que el mundo había existido siempre?
En el colegio aprendían que Dios había creado el mundo, y ahora Sofía intentó aceptar esa solución al problema como la mejor. Pero volvió a pensar en lo mismo. Podía aceptar que Dios había creado el universo, ¿pero y el propio Dios, que? ¿Se creó él a sí mismo partiendo de la nada? De nuevo había algo dentro de ella que se rebelaba. Aunque Dios seguramente pudo haber creado esto y aquello, no habría sabido crearse a sí mismo sin tener antes un “si mismo” con lo que crear. En ese caso, solo quedaba una posibilidad: Dios había existido siempre. ¡Pero si ella ya había rechazado esa posibilidad! Todo lo que existe tiene que haber tenido un principio.

Para reflexionar:
1-¿Qué es un ser humano?
2-¿Quién eres?
3-¿Quién hizo el mundo?
4-¿Quién "enseñó" a la naturaleza a reverdecer en cada primavera?

miércoles, 12 de marzo de 2008

racionalismo y empirismo en el avance histórico de la ciencia

Coincidiendo con una posición racionalista se construyen las ciencias formales: lógica y matemática. Sus orígenes se remontan a la Antigüedad. Griegos, fenicios, egipcios, poseían conocimientos matemáticos. Euclides sentó las bases de la geometría; la escuela pitagórica descubrió infinidad de relaciones numéricas. Se les llama "formales" pues su objeto son entes ideales, formas vacías de contenido como los números o los símbolos de la lógica.
Coincidiendo con una postura empirista se desarrollan las ciencias naturales: física, química, biología, astronomía, geología, etc. y posteriormente las ciencias sociales. También se les llama Ciencias Fácticas, pues su objeto son las cosas reales, hechos, sucesos y procesos. ("Factum" significa "hechos").
Solo observando, tocando, mirando, experimentando, fue posible el avance de la ciencia natural.
La matemática es una ciencia deductiva. Deducir es ir desprendiendo, paso a paso, verdades, unas de otras, independientemente de que se puedan ver con los ojos. Deducir y demostrar un teorema es hacer explícito lo que está implícito en un concepto o en una relación entre conceptos. Por eso es que se trata de un conocimiento absolutamente seguro, una tautología, pero que no aporta nada nuevo.
Ahora bien, para que la ciencia pudiera avanzar, para que se pudieran ampliar los conocimientos existentes, fue necesario el empleo de la observación y la experimentación. Formular hipótesis sobre las causas no visibles que determinan lo visible, y diseñar el experimento que pruebe o refute esas hipótesis.
No se obtiene un conocimiento absolutamente seguro como el que otorga la deducción, solo verdades transitorias, contingencias, que tienen validdez hasta tanto no sean refutadas por otras.
En el Siglo XVI, comienza su desarrollo. Con figuras como Galileo, Keppler, Newton, comienza a desarrollarse la “nueva ciencia”, una ciencia que salía a la calle a demostrar al público sus verdades, verdades que podían verse con los ojos del hombre común.

......................Ciencias formales...Ciencias naturales
Método .........
deducción ......................observación, inducción
Objeto ...........entes ideales ................entes reales
Enunciados.. analíticos .......................sintéticos.
Leyes ............ tautologías.....................contingencias
Para que el hombre pudiera empezar a observar, fue necesario que se le permitiera emplear sus ojos. Debemos recordar que en la Edad Media, el conocimiento sensorial estaba prohibido. Los sentidos estaban prohibidos como parte de un cuerpo que solo era una cárcel para el alma. El hombre era una criatura hecha a imagen y semejanza de Dios. A él debía parecerse. ¿Cómo lograrlo?: postergando todo lo humano, todo lo vinculado con el cuerpo, con las necesidades físicas, con lo sensorial. La parte “mejor” del hombre, la única que debía de rescatarse era la razón, el intelecto, el espíritu. Los monjes medievales sacrificaban su cuerpo y postergaban sus instintos para ganar el cielo. Al mismo tiempo se ejercitaban haciendo silogismos y ejercicios de lógica. Sobre las plantas y los animales, tenían nociones muy imprecisas. Desconocían el funcionamiento de la vida. El conocimiento del cuerpo humano era precario pues el estudio de cadáveres estaba totalmente prohibido.
El surgimiento de la Ciencia Natural fue fruto del Renacimiento. Un renacimiento del hombre que dejó de mirar el cielo para querer conocer la tierra, un hombre que renunció a explicar los principios de Dios para tratar de conocer los seres vivos que le rodeaban, que se lanzó a explorar el globo, que difundió sus conocimientos en los libros, y que se atrevió a pintar el cuerpo humano tal cual es.
Con todo esto se inicia la Modernidad, época del crecimiento incontenible de la Ciencia, conocimiento que durante todo el siglo XX se perfiló como la única verdad, como la única certeza.

Para reflexionar:
Durante la Edad Media, se pensaba que los roedores y las cucarachas brotaban por generación espontánea de la basura acumulada. Y Santo Tomás de Aquino, en el Siglo XIII, afirmaba que los planetas se movían empujados por ángeles que batían sus alas.
1-¿Qué opinión te merecen estas concepciones?
2- ¿Qué opinarán sobre nuestros actuales conocimientos científicos los humanos del año 3000?

aproximación al problema del conocimiento

El problema del conocimiento es uno de los tantos problemas filosóficos y de él se ocupa la gnoseología. La gnoseología es una parte de la filosofía que se pregunta:
¿cómo podemos conocer?
¿es posible el conocimiento de algo?
¿conocemos las cosas tal cual son? etc.
Nicolai Hartmann, en la “Metafísica del Conocimiento” analiza de este modo el fenómeno del conocimiento:
En todo conocimiento se hallan frente a frente un sujeto cognoscente (el ser humano) y un objeto a conocer. La relación existente entre ambos es el conocimiento mismo.. Ambos están separados y frente a frente desde un comienzo. La palabra objeto (objectus) significa: puesto enfrente.
El sujeto del conocimiento solo es sujeto para el objeto y el objeto del conocimiento, solo es objeto para el sujeto. Ambos se hallan en relación recíproca. Los objetos que me rodean sólo son objetos del conocimiento desde el momento en que me dispongo a conocerlos, si no les presto atención me son indiferentes y sólo serán objetos simplemente, pero no objetos del conocimiento. Lo mismo le sucede al sujeto: solo será sujeto del conocimiento cuando tiene intención de conocer al objeto, mientras esto no ocurra, será simplemente sujeto
La relación del conocimiento es bilateral pero no reversible. Sujeto y objeto no son permutables; su función es estrictamente diferente.
La función del sujeto es aprehender al objeto; y la del objeto es ser aprehendido por el sujeto.
Ese aprehender es visto como una salida del sujeto desde su esfera, como un trascender, y una intervención en la esfera del objeto. Luego se produce la captación de las propiedades del objeto y un regreso del sujeto hacia su esfera, trayendo consigo las propiedades del objeto conocido. El sujeto no puede captar las propiedades del objeto sin trascender, y tampoco puede incorporarlas a sí mismo sin regresar a su propia esfera. Por eso el acto del conocimiento se presenta como un acto en tres fases: salir, estar fuera, retorno del sujeto a sí mismo.
En el proceso del conocimiento, el objeto no sufre ninguna modificación. Sus propiedades no se alteran por el hecho de ser captadas por el sujeto. El objeto es totalmente indiferente al hecho de ser conocido. El sujeto, en cambio, no es indiferente: el sujeto se siente atraído por el objeto, y es quien se dirige hacia él.
Por su parte, el sujeto, cuando “regresa” a sí mismo, no trae el objeto consigo, sino que solo trae sus cualidades, sus propiedades, sus características, pero no al objeto en sí. En la mente del sujeto solo puede estar la imagen del objeto, pero no el objeto en sí.
El sujeto es quien se modifica en el acto del conocimiento. El objeto permanece inalterado e indiferente. El sujeto es quien sufre alteraciones. En su conciencia ha nacido la imagen del objeto.
La imagen es el tercer elemento en la relación. La imagen no es el objeto mismo, pero es su representación, posee sus mismas propiedades. Pero por su ubicación, está dentro de la esfera del sujeto, (en su conciencia o en su mente o en su pensamiento), y además, puede ser modificada por el sujeto.
Para reflexionar:
1-¿Quién es el sujeto y quién es el objeto cuando dos seres humanos intentan conocerse?

El problema del conocimiento admite muchas interrogantes. Una de ellas es la que se refiere a las fuentes u orígenes del conocimiento. Y ante este problema existen dos posiciones: racionalistas y empiristas, y una tercera que es el criticismo de Kant que conjuga argumentos de ambas.
Para los racionalistas, el origen del conocimiento es la razón humana. No creen en la confiabilidad de los sentidos. Para los empiristas, por el contrario, la fuente del conocimiento es la experiencia.
René Descartes, filósofo y matemático del S XVII, es el máximo exponente del racionalismo. Descartes afirma que los sentidos nos engañan. Afirma que nuestros ojos nos dicen que el sol es pequeño, cuando en realidad es inmenso. Afirma también que si miramos desde una ventana hacia la calle (desde lo alto), veremos pasar hombres caminando. Pero en realidad, lo que nuestros ojos nos muestran son solo capas y sombreros; debajo de ellos pueden ir “muñecos de resorte” También afirma, que si tomamos un trozo de cera, nuestros sentidos nos dirán que es de color blanca, que es sólida, que suena al golpearla, y que tiene el perfume de las flores. Pero si la acercamos al fuego, perderá la consistencia sólida, el color blanco, el perfume y el sonido. Sin embargo, nosotros “sabemos” que sigue siendo cera. No es la cera un montón de datos sensoriales: perfume, color, dureza, sino una idea en nuestra mente.
Por eso, afirma Descartes, que si queremos conocer algo, debemos comenzar por destruir todo el falso conocimiento que los sentidos nos han ido suministrando.
Por eso comienza por decir: dudo de todo lo que veo, de todo lo que he aprendido, de todo lo que mis maestros me han enseñado. Muchas veces he soñado que estaba sentado aquí en este mismo sillón junto al fuego, y sin embargo ha sido solo un sueño. ¿Quién me garantiza ahora que no estoy soñando?
Pero en medio de esta duda, una sola cosa es clara: estoy dudando. Y si dudo es porque pienso, y si pienso, entonces existo.
¿Qué soy yo, entonces? Solo eso: una cosa que piensa. Y existo hasta el momento en que mi pensamiento dure.
La idea de la duda es innegable. Es una idea que se presenta a mi espíritu como “clara y distinta”. Es decir que es una evidencia incuestionable. Por eso, para Descartes, el punto de partida de cualquier conocimiento válido es ese: las ideas claras y distintas, sobre las cuales no cabe la menor duda.
Para este filósofo, las ideas de este tipo son innatas. Es decir que nacemos con ellas, y han sido puestas en nuestra mente por Dios. Existen ideas que no necesitan ninguna demostración ni mucho menos verificación empírica: cuando decimos “el todo es mayor que las partes” estamos ante una verdad indudable, su evidencia no es sensorial, sino racional. Es una idea innata.
Para Descartes, lo fundamental era encontrar un método para llegar a la verdad. El método que él propone consta de cuatro reglas.
1° un criterio de verdad que no sea la evidencia sensible sino la evidencia racional.
Como vimos, esta evidencia racional es la existencia de ideas “claras y distintas”.
2°-la segunda regla es la del análisis. Analizar todo hasta sus elementos más simples.
Se trata de reducir un problema complejo en sus elementos más simples, hasta llegar a encontrar una idea clara y distinta.
3°- el tercer paso consiste en recomponer.. Partiendo de elementos simples, que son verdades indudables, se trata de realizar una síntesis válida.
4°en cuarto lugar, hay que revisar todo cuidadosamente, para evitar errores y omisiones.
Como vimos anteriormente, la primera certeza de Descartes es “pienso, luego existo”. De esta verdad, se derivarán por deducción racional la certeza de que todas las cosas existen y de que también hay Dios. Pero todo se deduce, nada se ve con los ojos. La razón se constituye en la base y la fuente del conocimiento humano. Descartes fue un matemático muy destacado. La deducción es el método empleado por la matemática, y es el método que el racionalista acepta como válido. Racionalismo y deducción son los pilares de las ciencias formales: Lógica y Matemáticas.
El empirismo por el contrario, afirma que no existen ideas innatas, que al nacer la mente humana es como una página en blanco, o una “tábula rasa”. En esta página en blanco, la experiencia, los sentidos, irán imprimiendo todos los conocimientos que poseemos. “Nada hay en el intelecto que no haya pasado antes por los sentidos” afirma el empirismo. El empirismo se convirtió en la base de las ciencias fácticas o experimentales, también llamadas ciencias de observación. Solo así pudo la ciencia avanzar: las verdades generales no son conocidas de antemano; el hombre de ciencia ha debido observar, ver, tocar, experimentar con muchos casos particulares, para llegar a la ley general. Inducción y empirismo se unen para dar origen al surgimiento de la física, la química, la biología, o sea las ciencias de la naturaleza, y posteriormente las ciencias sociales.
El empirismo ha tenido muchos representantes. Locke, fue uno de los primeros. También Berkeley. Pero el máximo exponente del empirismo es el inglés David Hume. Hume establece una distinción entre las impresiones y las ideas. Las impresiones están dadas por las sensaciones de cualquier tipo que experimentamos, las segundas son las huellas que quedan de las sensaciones en el pensamiento.
También distingue entre ideas simples e ideas compuestas. Las primeras son indivisibles, como la idea de “rojo”, en cambio la idea de “manzana” es compuesta pues además de rojo, incluye otras ideas más Las impresiones son más fuertes y vivaces que las ideas. No existe una idea simple que no haya sido originada en una impresión sensorial. La impresión precede a la idea, y si tenemos atrofiado algún sentido, no nos formaremos las ideas que de él proceden.
Esto se convierte en un criterio de verdad para las ideas: una idea será verdadera si tiene su origen en la experiencia; si no, será “inventada” por el sujeto.
Hume rechaza la metafísica y la teología, como “saberes Ilusorios”. Solo admite la matemática y la ciencia natural, como conocimientos legítimos.
Para reflexionar:
2- ¿Cómo se aprenden y se enseñan las matemáticas en la escuela: deduciendo, demostrando teoremas en la pizarra o viendo, y manipulando objetos?

El criticismo de Kant es una postura que combina el planteo de racionalistas y empiristas, o que por lo menos, reconoce la verdad parcial que encierran ambas posiciones.
Kant parte de una postura cercana al racionalismo, pero pronto comprende que la razón por sí misma no es la única causa del conocimiento. Es innegable el papel que juega la experiencia, papel que es imposible desconocer. Kant afirma, sin embargo, que la experiencia por sí misma no nos daría nada más que un cúmulo de impresiones amorfas, un conglomerado de sensaciones sin sentido.
Por eso, la solución kantiana consiste en lo siguiente:
-la razón, o sea, la mente humana aporta para el conocimiento las formas puras de la intuición sensible: espacio y tiempo. Estas nociones serían algo así como dos moldes, dos formas vacías de contenido, que se irían llenando con todo el contenido de la experiencia. Son formas a priori, es decir, independientes de toda experiencia.
-los sentidos aportan el conocimiento de las cosas: la materia de la intuición sensible. Y esta materia es ordenada en relaciones de espacio y de tiempo. El espacio y el tiempo, para Kant, no son nada en sí mismos. No son entidades reales. Son solo creaciones de la mente humana. Son formas a priori. Son las condiciones de posibilidad de la experiencia y del conocimiento. El espacio nos permite percibir las cosas como juntas o separadas, como próximas o lejanas. El tiempo es el que nos permite ver las cosas en una sucesión de acontecimientos. Pero no existen por si mismos; son una creación de la mente del hombre.
Gracias a la conjunción de estos dos factores: las formas puras y el contenido de la experiencia, es que se constituye en la mente humana la percepción de algo. Es la formación de las intuiciones. Pero para que esas intuiciones puedan ser identificadas como “algo”, como un libro, como un lápiz o como un objeto cualquiera, a ese “algo” debemos someterlo a las categorías del pensamiento. Hasta aquí el conocimiento se había producido a nivel de la sensibilidad: la sensibilidad es la capacidad de formarnos percepciones o intuiciones sensibles de las cosas que nos rodean. Pero luego esa intuición pasa por el entendimiento. Las intuiciones son sometidas a las categorías.
Las categorías son también formas vacías del entendimiento, que existen en la mente humana como una capacidad, como una condición previa para el conocimiento. Las categorías nos permiten formarnos conceptos Son también moldes vacíos que se aplican a la percepción de las cosas. Así, estas categorías que son doce, según Kant, nos permiten tener ideas, conceptos. Una de las categorías más importantes es la de sustancia, otra es la de causa. Es por eso, que la noción de causa se convierte en una especie de conocimiento que posee una certeza indudable. Porque se adquiere con la experiencia pero se apoya en una categoría a priori del entendimiento.
Según Kant, a las cosas tal cual son, no podemos conocerlas. Sólo tenemos de ellas el conocimiento que nuestra capacidad humana de conocer nos permite. Solo podemos conocer de ellas el fenómeno, es decir lo que se nos muestra, su apariencia. Pero jamás sabremos cómo son las cosas en sí mismas. A esta postura se le llama idealismo. Y se opone al realismo que es la posición opuesta y que afirma que el ser humano es capaz de conocer las cosas tal como son en la realidad; o mejor dicho: que las cosas reales son tal como las percibimos.
Para reflexionar:
3-¿Existen espacio y tiempo o son sólo creaciones de la mente humana?

idealismo y realismo
El problema que encaran estas dos posiciones gnoseológicas: idealismo y realismo, es la respuesta a la pregunta sobre la esencia del conocimiento.
¿Conocemos las cosas tal cual son o sólo la apariencia que revisten para nosotros?
¿Puede el hombre decir que conoce algo realmente?
¿Son los vegetales, las piedras y el agua tal como los vemos?
¿Si tuviéramos un sexto sentido, percibiríamos en ellos propiedades que hoy no advertimos?
La primer respuesta a esto la constituye el realismo. Realismo viene de “res” que significa “cosa”. El realismo afirma que las cosas son tal como las percibimos, y afirma también que el hombre tiene la posibilidad de conocerlo todo.
Para el idealismo, en cambio, todo nuestro conocimiento de las cosas, es lo que nuestro aparato sensorial nos permite conocer de ellas: no sabemos, en realidad, cómo son, sólo sabemos de ellas lo que somos capaces de captar. Por eso es que la idea que tenemos de las cosas, es sólo eso: una idea y nada más. Resulta imposible explicar a una persona ciega de nacimiento, qué significa el rojo, el azul o el verde; del mismo modo si el hombre careciera del sentido de la vista jamás sabríamos que las cosas son rojas verdes o azules, y esas palabras no existirían en nuestro vocabulario. Del mismo modo, puede ocurrir que los objetos que nos rodean posean propiedades que no somos capaces de percibir, porque no tenemos con qué percibirlas.
Berkeley llega al idealismo extremo, al afirmar que no podemos afirmar que el mundo exterior sea real. Porque todo lo que sabemos de él es lo que nos dicen nuestras sensaciones, y nuestras sensaciones son nuestras, están dentro de nuestra conciencia. Esse est percippi es su famosa frase, la cual significa: “el ser de las cosas es ser percibidas”. Y para él las cosas son ideas y nada más que ideas. Algo que no pueda ser percibido por ninguna mente humana en algún momento, sencillamente no existe.
Kant no duda de que las cosas reales existen, pero manifiesta que, en sí mismas, son incognoscibles; sólo podemos conocerlas a través de nuestro instrumental gnoseológico: espacio, tiempo y categorías. Preguntarse por el ser en sí de las cosas, fuera del espacio, el tiempo y las categorías, impuestas por el sujeto, es imposible. Espacio, tiempo, y categorías, son las condiciones de posibilidad del conocimiento; sin ellas, nada podríamos conocer.
La postura de Kant es un idealismo, porque en ella el sujeto elabora, construye o constituye el objeto, a partir de una materia que le es dada desde el mundo exterior.
Solo conocemos –según Kant- el fenómeno, es decir, el aparecer de la cosa en la conciencia una vez que ha sido organizada, ordenada por las formas a priori de la sensibilidad: espacio y tiempo.
Aristóteles, el filósofo griego del S III A.C. fue el primer realista. Afirmaba que lo que existen son las cosas que nos rodean. Las cosas son reales. Y en cada cosa es posible descubrir cuatro causas: causa material, causa formal, causa eficiente y causa final.
Así, por ejemplo, en una mesa, la causa material sería la madera, la causa formal sería la forma de mesa (redonda o cuadrada, no importa, pero con forma de mesa) , la causa eficiente sería el carpintero o el artesano que la fabricó, y la causa final sería la finalidad, el para qué fue construida. En el caso de la mesa, la causa final sería para comer, para escribir, etc.
Para reflexionar:
4- ¿Son las cosas tal como las vemos como afirma el realismo?
5- ¿Qué propiedades tiene para nosotros la hoja de una planta? Descríbela.
¿Cómo la describiría un insecto o un caracol que se alimenta de ella?
¿Cómo es en realidad la hoja, como la vemos nosotros a simple vista, como nos la muestra el microscopio, o como la percibe el insecto?

el conocimiento: la tercera memoria

Todas las especies animales desarrollan una actividad específica y característica para defenderse del peligro: los grandes felinos atacan, las liebres huyen, los escarabajos escarban , etc.
Todas las especies, además, acostumbran a construir refugios para proteger a sus crías. Estos refugios o viviendas son propios de cada especie y son iguales a los que esa misma especie construía hace mil años atrás. El hornero de hoy, construye su nido igual que sus antepasados; los lobos que hoy viven en estado salvaje, construyen sus madrigueras exactamente igual a como lo han hecho todos los lobos desde tiempos inmemoriales.
Sin embargo, el hombre es el único animal que construye su vivienda de mil maneras diferentes: una choza de la sabana de Africa es tan distinta de un chalet de nuestros balnearios; como un castillo medieval lo es de un rascacielos moderno.
Al parecer, en el animal las conductas defensivas y de conservación de la especie son inmodificables. Vienen inscriptas en su código genético. Y aunque ese animal viva entre humanos no es capaz de modificar sus conductas defensivas, sus rituales de apareamiento o de defensa de la prole.
En cambio el hombre las aprende de sus padres. Un ser humano no nace sabiendo anidar ni construir cuevas, sino que aprende de los adultos que le rodean, cómo construir artefactos o desarrollar destrezas defensivas. Estos conocimientos se transmiten de padres a hijos por medio de la educación. Es por eso, que a lo largo de la historia de la Humanidad, esta ha podido ir avanzando: porque el hombre es el único animal que aprende de sus mayores y que transmite sus saberes a su descendencia, de modo que cada hallazgo individual se conserve en la memoria colectiva. Es así, que se ha ido formando un bagaje de conocimientos que viene creciendo en forma exponencial en los últimos tiempos y que se almacena externamente en libros, discos, cintas grabadas, etc y especialmente en la web.
Esto es lo que constituye la “tercera memoria”, memoria que es privativa de la especie humana.
A la memoria genética, que tienen todas las especies, responsable de que los padres se parezcan a los hijos y de que una célula se reproduzca idéntica a sí misma, se agrega, en los animales superiores la memoria psicológica: esa vivencia personal e intransferible a la que llamamos “memoria”.
Pero en el hombre existe una tercera memoria: el patrimonio informacional de la humanidad, que no pertenece a ningún hombre en particular sino a todos, y que ningún hombre en la actualidad podría abarcar por su inabarcable amplitud.
Esta tercera memoria constituida por todos los saberes que la humanidad ha ido acumulando a lo largo de su evolución, es la responsable de la tercera etapa en el proceso evolutivo planetario, etapa que se inició con la aparición del hombre y que se denomina evolución cultural o socio-histórica. Recordemos que desde el Big-Bang hasta el surgimiento de la vida, transcurre la etapa denominada evolución pre-biológica; con la aparición de la vida en el fondo de los océanos comienza una nueva etapa: la evolución de las especies o evolución biológica, que culmina con la aparición del hombre. Y es con este, que se inicia la tercera etapa: la evolución cultural, compuesta por cambios radicales en la forma de vestirse, protegerse, alimentarse, etc. que ha desarrollado la humanidad en los años que lleva sobre la faz de la tierra, fruto de hallazgos, descubrimientos, y saberes transmitidos, compartidos, construidos y modificados, que le han permitido interpretar y modificar el comportamiento de la materia, de la energía, de los seres vivos, y de la naturaleza toda.
Esto es el conocimiento. Conocimiento almacenado, y transmitido a través del proceso denominado educación o endoculturación, por medio del cual el pequeño humano se apropia del lenguaje de sus mayores, aprende a manejar utensilios, internaliza pautas culturales, creencias, valores, propios de la cultura en que nació.
De este conocimiento, patrimonio del mundo adulto, deben apropiarse los recién nacidos de la especie humana, para poder convertirse en hombres. Los relatos de niños que han sido criados por animales muestran que en ellos no se desarrollaron las conductas típicamente humanas como el lenguaje, el pensamiento, la conciencia reflexiva; en su lugar aparecieron actitudes propias de la especie que los adoptó.
Leontiev ha dicho que los conocimientos no vienen a instalarse en una conciencia preexistente, sino que la conciencia humana va construyéndose al hilo de los aprendizajes que el individuo hace.
El hombre nace inmaduro. Su cerebro completa su maduración fuera del útero materno. Por eso es capaz de aprender, porque posee una gran plasticidad para hacerlo. Y es por eso, que las conductas que en otras especies son rígidas e inamovibles como los mecanismos de defensa, los rituales de apareamiento, etc. en el hombre son imprevisibles y culturalmente determinados.
Para reflexionar:
En la época actual, con la expansión y diversificación que sufre constantemente el campo total del conocimiento, ¿puede decirse que el docente es el que posee el saber y los alumnos los que lo reciben de él?