miércoles, 12 de marzo de 2008

el conocimiento: la tercera memoria

Todas las especies animales desarrollan una actividad específica y característica para defenderse del peligro: los grandes felinos atacan, las liebres huyen, los escarabajos escarban , etc.
Todas las especies, además, acostumbran a construir refugios para proteger a sus crías. Estos refugios o viviendas son propios de cada especie y son iguales a los que esa misma especie construía hace mil años atrás. El hornero de hoy, construye su nido igual que sus antepasados; los lobos que hoy viven en estado salvaje, construyen sus madrigueras exactamente igual a como lo han hecho todos los lobos desde tiempos inmemoriales.
Sin embargo, el hombre es el único animal que construye su vivienda de mil maneras diferentes: una choza de la sabana de Africa es tan distinta de un chalet de nuestros balnearios; como un castillo medieval lo es de un rascacielos moderno.
Al parecer, en el animal las conductas defensivas y de conservación de la especie son inmodificables. Vienen inscriptas en su código genético. Y aunque ese animal viva entre humanos no es capaz de modificar sus conductas defensivas, sus rituales de apareamiento o de defensa de la prole.
En cambio el hombre las aprende de sus padres. Un ser humano no nace sabiendo anidar ni construir cuevas, sino que aprende de los adultos que le rodean, cómo construir artefactos o desarrollar destrezas defensivas. Estos conocimientos se transmiten de padres a hijos por medio de la educación. Es por eso, que a lo largo de la historia de la Humanidad, esta ha podido ir avanzando: porque el hombre es el único animal que aprende de sus mayores y que transmite sus saberes a su descendencia, de modo que cada hallazgo individual se conserve en la memoria colectiva. Es así, que se ha ido formando un bagaje de conocimientos que viene creciendo en forma exponencial en los últimos tiempos y que se almacena externamente en libros, discos, cintas grabadas, etc y especialmente en la web.
Esto es lo que constituye la “tercera memoria”, memoria que es privativa de la especie humana.
A la memoria genética, que tienen todas las especies, responsable de que los padres se parezcan a los hijos y de que una célula se reproduzca idéntica a sí misma, se agrega, en los animales superiores la memoria psicológica: esa vivencia personal e intransferible a la que llamamos “memoria”.
Pero en el hombre existe una tercera memoria: el patrimonio informacional de la humanidad, que no pertenece a ningún hombre en particular sino a todos, y que ningún hombre en la actualidad podría abarcar por su inabarcable amplitud.
Esta tercera memoria constituida por todos los saberes que la humanidad ha ido acumulando a lo largo de su evolución, es la responsable de la tercera etapa en el proceso evolutivo planetario, etapa que se inició con la aparición del hombre y que se denomina evolución cultural o socio-histórica. Recordemos que desde el Big-Bang hasta el surgimiento de la vida, transcurre la etapa denominada evolución pre-biológica; con la aparición de la vida en el fondo de los océanos comienza una nueva etapa: la evolución de las especies o evolución biológica, que culmina con la aparición del hombre. Y es con este, que se inicia la tercera etapa: la evolución cultural, compuesta por cambios radicales en la forma de vestirse, protegerse, alimentarse, etc. que ha desarrollado la humanidad en los años que lleva sobre la faz de la tierra, fruto de hallazgos, descubrimientos, y saberes transmitidos, compartidos, construidos y modificados, que le han permitido interpretar y modificar el comportamiento de la materia, de la energía, de los seres vivos, y de la naturaleza toda.
Esto es el conocimiento. Conocimiento almacenado, y transmitido a través del proceso denominado educación o endoculturación, por medio del cual el pequeño humano se apropia del lenguaje de sus mayores, aprende a manejar utensilios, internaliza pautas culturales, creencias, valores, propios de la cultura en que nació.
De este conocimiento, patrimonio del mundo adulto, deben apropiarse los recién nacidos de la especie humana, para poder convertirse en hombres. Los relatos de niños que han sido criados por animales muestran que en ellos no se desarrollaron las conductas típicamente humanas como el lenguaje, el pensamiento, la conciencia reflexiva; en su lugar aparecieron actitudes propias de la especie que los adoptó.
Leontiev ha dicho que los conocimientos no vienen a instalarse en una conciencia preexistente, sino que la conciencia humana va construyéndose al hilo de los aprendizajes que el individuo hace.
El hombre nace inmaduro. Su cerebro completa su maduración fuera del útero materno. Por eso es capaz de aprender, porque posee una gran plasticidad para hacerlo. Y es por eso, que las conductas que en otras especies son rígidas e inamovibles como los mecanismos de defensa, los rituales de apareamiento, etc. en el hombre son imprevisibles y culturalmente determinados.
Para reflexionar:
En la época actual, con la expansión y diversificación que sufre constantemente el campo total del conocimiento, ¿puede decirse que el docente es el que posee el saber y los alumnos los que lo reciben de él?